domingo, 9 de octubre de 2016

Pokémon Sol y Luna son perfectos para arriesgar


Esto va a sonar a sermón de perro viejo. Recuerdo que las primeras tiradas de Pokémon -véanse como tales Rojo/Azul, Plata/Oro y sí, también los Stadium de 64- dieron más vueltas al concepto original de lo que se ha acabado haciendo desde una perspectiva global. Ya fuese por el buen fanservice de las ediciones de Ho-Oh y Lugia, con mucho sabor a secuela por la vuelta a Kanto y el gran final contra Rojo, o por la apuesta por el duelo puro de las versiones de Nintendo 64, cada una de ellas tenía empaque y se sentía especial.


Sé que somos muchos los que seguimos cayendo de cabeza en cada nueva entrega, a pesar de que se repitan las mismas malas costumbres. Desde la inclusión de las bayas, los concursos de belleza y las bases secretas, Pokémon es mucho más que salir de casa con la mirada puesta en el alto mando. Y eso está bien. Pero también es verdad que ese mismo viaje se disfruta más con una buena historia, algo que no vemos desde las dos tiradas de Blanco/Negro.

Un ejemplo en el que fijarse

Hace un par de entregas que la franquicia de Game Freak se ha centrado dar solidez a las novedades que han ido llegando con el tiempo. Gracias a dios, la siembra de bayas ya no es el drama sufrido en su nacimiento, la inclusión del entrenamiento Pokémon hace que la potenciación de las estadísticas de nuestro equipo no dependa de la compra de objetos, y se han facilitado las cosas en la crianza para los -no pocos- interesados en los IVs. En realidad, cada nueva entrega es un paso adelante.


Por eso mismo, siempre he pensado que la comunidad Pokémon se ha vuelto conformista. Imaginad el potencial del universo Pokémon. Tenemos un mundo que existe gracias a distintas criaturas divinas, leyendas urbanas nacidas de bestias escurridizas y una sociedad que vive en comunión, y en permanente conflicto, con unos animales con los que establece unos lazos únicos. Sabemos cómo es Japón. Aquí no les podemos pedir el oro y el moro, pero ojalá en Alola se recuperen algunas cosas.

Póngame diez como estos, por favor
 
Con el suceder de las generaciones, el paso de X e Y se recordará más por el salto al 3D que por la región de Kalos. Posiblemente, Xerneas e Yveltal sean los legendarios menos carismáticos de toda la serie, y me atrevería a decir que fueron la ocasión ideal para que Rubí Omega y Zafiro Alfa se lavasen la cara en busca de una segunda oportunidad. La realidad es que viene tocando una vuelta de tuerca.


Si en Alola nos encontramos un rival digno que nos recuerde a la buena época del Equipo Plasma -pokégreeanpeace, para los amigos- y al melenas de N, tendremos mucho ganado. El aire tropical y veraniego que transmiten Sol y Luna son el pretexto ideal para recuperar personajes de las versiones antiguas; sería tan fácil como decir que se están pegando unas vacaciones. Pero la reinvención que hay que pedirle a la próxima generación va más allá de la historia.


Ojalá la cosa no derive hacia inclusiones como el Greninja de Ash

Por primera vez tendremos versiones de especies conocidas que se han visto afectadas por la climatología. Esto puede dar a luz a cosas interesantes si se explotan las habilidades únicas. Hablando de ellas, uno de los más llamativos es el caso de Minior, el único Pokémon invulnerable al primer ataque gracias a su coraza. También recibiremos la inclusión de misiones secundarias, algo inaudito en toda la historia de la franquicia. La cosa promete. Mi único temor es que con todo lo que ya se ha visto se pierda la magia del descubrimiento, pero la esperanza es lo último que se pierde.

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