jueves, 29 de septiembre de 2016

El parche de Hearthstone que se cargó a Yogg-Saron

Cómo me gustan los temas con polémica. Yo creo que es algo que viene en mi sangre andaluza. Me gusta la juerga y la polémica, no se puede evitar. De alguna manera había que compensar el hecho de no dormir siesta. Bueno, no dormir siesta… No suelo, pero cuando lo hago, más que mirar la hora, miro el calendario, para que veáis que lo que dice Dani Rovira no es mentira. En fin, que otra vez me estoy desviando, para variar.

Hoy quiero hablar del parche 6.1.3. de Hearthstone y de por qué ha levantado cierta polémica. Venga, guardad las lanzas y las espadas, que no es para tanto… más o menos. Resulta que, en busca de un mayor equilibrio de clases, Blizzard ha modificado ciertas cartas, principalmente esbirros. Y lo del mayor equilibrio es una forma de hablar, ya que a la compañía le gusta que algunas clases estén más fuertes que otras, pero dentro de cierto límite. Vamos, que está bien que estén rotas, pero para que se jueguen todas, es mejor disimular.

De modo que tenemos cartas de hechizo, como Arma Muerdepiedras, cuyo coste de maná aumenta, o esbirros que van a sufrir un cambio importante, como el Colmillarr totémico, que pasará a invocar a un tótem de la lista de tótems básicos, en lugar de a cualquier tótem. Esto lo hace muchísimo menos interesante, ¿verdad? Vamos, de hecho yo ya procedo a borrarlo de mi mazo del Chamán. Bueno, eso quizás sea exagerar, pero es cierto que la cosa cambia muchísimo. Pero, sí, Blizzard sabe que el Chamán estaba muy potente en los últimos tiempos y ha decidido darle un tirón de orejas.


El debate definitivo: ¿Yogg-Sí o Yogg-No?
 
 
Pero el cambio que más polémica ha despertado ha sido el sufrido por una de las cartas más conocidas de la expansión de Susurros de los Dioses Antiguos, y que a nadie ha dejado indiferente. Muchos la odian, otros, en cambio, la adoramos. A mí personalmente me encanta la aleatoriedad de cartas como Yogg-Saron o los portales de invocación (de ahí que ésa sea mi Pelea de Taberna favorita), pero Blizzard tiene razón en una cosa: estas cartas complican mucho los torneos, y hay que mirar por el perfil profesional del juego, ¿no?

El cambio sufrido por Yogg-Saron ha sido importante, aunque no lo parezca. Ahora, si este esbirro se silencia, se transforma, es destruido o vuelve a la mano de su dueño al lanzar algún hechizo, la lluvia de hechizos terminará al momento. Un poco triste si resulta que el señorito del fin de la esperanza se silencia con el primer hechizo que lance, pero es una forma de equilibrar la partida sin que alguien se lleve la victoria en una sola jugada, ¿no?

Yo quiero dar mi opinión, porque para eso está Mundogamers, y a mí me da la sensación de que el cambio en Yogg-Saron era innecesario, porque ésta es una de esas cartas que hacen de Hearthstone lo que es. Parece una exageración, pero realizar cambios de este estilo asemejan el juego a otros títulos con los que, hasta ahora, tampoco tenía tanto que ver. La aleatoriedad es divertida, aunque puteante, y es uno de los aspectos más atractivos del título. ¿Qué puede fastidiar y descompensar por completo una partida? Eso es muy cierto, pero a mí me gusta arriesgarme a ello.

Si lo que Blizzard buscaba era un mayor equilibrio en las partidas profesionales, tenía otra forma de conseguirlo: No permitir cartas como Yogg-Saron en los mazos  competitivos. No sé, llamadme loca, pero me parecía una solución mucho más sencilla para que todo el mundo estuviese contento. O dejar que la carta siga teniendo su efecto original en partidas “amistosas”. Vamos, en las Peleas de Taberna o en las partidas normales sin rango. Es una pena que se le nerfee así, por lo menos para mí, que me encantaba sacarlo y ponerme a comer palomitas mientras él hacía lo suyo.

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