domingo, 11 de septiembre de 2016

El arte de League of Legends: la evolución más allá del juego

Buenas Gamers!

Cada vez que experimentamos el cambio físico de alguno de los campeones de League of Legends lo digo: Es increíble cómo ha avanzado el juego desde que vio la luz como el Dota de contrabando, allá por octubre de 2009. Al principio, daba mucha vergüenza ajena, y la mayoría de sus personajes dejaban mucho que desear (por aquello de no ser más que plagios de héroes ya existentes en el MOBA padre).

 De ese primitivo aspecto del título más jugado del mundo, cada vez quedan menos recuerdos. Tras el cambio de campeones tan icónicos como Poppy o Yorick, decimos adiós a una primera etapa del juego, cuando éste se encontraba aprendiendo a caminar. Y es que resulta que un rework va más allá de retocar las habilidades de un personaje, y en algunos casos se ha tratado únicamente de un cambio estético, sin hacer falta cambiar nada más.

Cuando empecé a jugar a League of Legends, muchos campeones daban vergüenza ajena. No ya por su aspecto dentro del juego, sino por sus splash art (lo que viene a ser la ilustración del personaje en cuestión, vamos). Durante estos años que llevo jugando al MOBA de Riot (más o menos, desde que llegó Jinx a la Grieta del Invocador), he podido comprobar cómo se ha actualizado la ilustración de muchos personajes... o se ha cambiado por su alter ego chino. Porque, sí, para el que no lo sepa, los asiáticos cuentan con sus propios splash arts – la mayoría mejores que los nuestros, todo hay que decirlo – y muchos de ellos se han puesto, también, en nuestra región, como la skin de Annie en el País de las Maravillas.

La evolución de un MOBA a través de su arte 

Es bastante posible que a estas alturas estaréis pensando en qué leches le pasa a Tita Kysu y por qué le ha dado por hablar de las skins del LoL. Pues bien, resulta que Riot ha presentado El Arte de League of Legends, un libro que, a través de las ilustraciones, cuenta la historia del propio juego y de cómo éste ha ido evolucionando más allá del metajuego. “Se trata de una reflexión sincera sobre dónde estábamos, cómo hemos cambiado y qué aspiramos a crear”, según relatan desde su página web. El artbook, de una calidad impresionante, cuesta 75 euros, mientras que la edición coleccionista, a 150 euros, ya se ha agotado.

No voy a hablar del precio de esta obra ni de su contenido en sí, aunque tenéis la versión digital aquí mismo. Lo que sí que quiero comentar es lo que valoro este tipo de trabajos. Porque habrá quien piense que el aspecto es lo de menos en League of Legends, que lo importante es matar mucho y destruir el nexo rival. Sin embargo, el juego evoluciona a la par que su diseño, y se ha notado un gran cambio tras la actualización de “cosas sin importancia” como el propio mapa o las texturas de éste. Sí, puede que que el río parezca más o menos real no afecte en nada a tu forma de jugar, pero sí lo hace más atractivo. Y, bueno, Yorick pedía a gritos un rework, no sólo por sus habilidades.

En cuanto a los splash arts, lo comentaba hace poco con un amigo: Se nota que Riot ha ido mejorando poco a poco. Bueno, más que nada, sus diseñadores. Antes, muchos eran los dibujos de campeones que te invitaban a banearlos de por vida. Ahora todo está cambiando, mejorando. Eso sí, queda una asignatura pendiente: unificar el estilo. Y es que se nota mucho cuándo es un ilustrador el que hace un diseño y cuándo es otro, según qué personajes, y así, encontramos campeones que en sus skins resultan completamente diferentes. Está muy bien que cada artista tenga su signo de identidad, pero tendrían que ponerse de acuerdo. Hay algunos campeones con un estilo muy “manga”, mientras que otros resultan más de cómic americano. Que eso no es malo, ojo.

Ahora sólo me queda preguntarme hacia dónde evolucionará el arte de League of Legends, qué será lo próximo, ¿alguna mejora, quizás? Me gustaría que Morgana fuese actualizada y dejase de parecer tan pequeña en comparación con la mayoría de campeones, y también me gustaría que devolviesen a Janna su antiguo splash art. Pero aquí manda Rito, no yo, y sólo nos podemos quedar sentados, fedeando, mientras los artistas hacen lo suyo.

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